Opinar diferente a otros no es una opción
No han sido pocas las ocasiones que he dejado mi opinión acerca de ciertos temas “controversiales”, tales como el aborto o la homosexualidad. Tengo una opinión muy definida en torno a ellos y cuando comento sobre los mismos, aparecen quienes estén dispuestos a minimizarme.
Al enterarme de la muerte de Sonia Pierre a través de Twitter, dejé el mensaje:
“No es correcto alegrarse por la muerte de alguien, pero me alegra la muerte de Sonia Pierre. Igual sería con la muerte de Hubieres”.
Siempre he tenido respeto por la vida, de allí la opinión en contra del aborto, pero tratándose de personas que a través de influencias han logrado provocar más daño que efectos positivos, es claro que nunca celebraré sus vidas.
Hay quienes han luchado por sus creencias siendo firmes en sus propuestas, a quienes el tiempo les ha dado toda la razón. Uno de los estandartes en esas luchas y uno de los más admirados fué Martin Luther King. Activista luchador contra le represión que existía contra la raza afroamericana en Estados Unidos.
No entraré en detalles acera de Luther King, pero él defendía una causa con muchas bases. Todo ser humano tiene derecho a vivir, a trabajar, a caminar por las calles sin ser rechazado por ser de un color distinto (o nacionalidad distinta en el plano dominicano) a lo que esa sociedad denomine “estándar”.
En el plano local tenemos los haitianos. Haití es un país con demasiadas carencias. Su producción agrícola es muy limitada debido a las malas condiciones de sus suelos en la mayor parte del territorio. La pobreza es amplia debido a la falta de empleos y el bajo nivel educativo de su población.
Todas esas limitaciones son caldo para la inmigración. Buscar sustento para sus familias fuera de sus tierras es para muchos la única solución de vida. Por eso vemos tantos haitianos en nuestro país, lamentablemente la mayoría sin los papeles necesarios para demostrar su legalidad.
La ignorancia educativa, la pobreza y el peso de hijos o familia que mantener son razones más que suficientes para “coger lo que sea”. Así vemos obreros haitianos en las construcciones recibiendo una paga diaria de no más de RD$150.00, con responsabilidades que colindan con la muerte sin la protección adecuada (equipos o seguros médicos).
Son situaciones abusivas y el gobierno no hace nada para controlar tales elementos. El problema es que las leyes están ahí.
Las leyes no están para amparar idiosincrasias que vayan en contra de las necesidades de un país. Ningún país está obligado a hacer todo lo que una “organización de defensa” quiera.
Muchos se habrán olvidado del “famoso” sacerdote Christopher Hartley. Este se daba a la tarea de declarar como hijos suyos niños haitianos de bateyes. Era una noble tarea, era una forma muy personal de ayudar con la protección de la nacionalidad a esos niños, pero era ILEGAL.
Tenemos también a la denominada “estandarte” Sonia Pierre, una “dominico-haitiana” que lucha por los intereses de los haitianos. Esta, con el financiamiento de organismos internacionales se ha hecho de un nombre y reputación que de verdad es digno de admirar.
El trabajo que hizo Hartley lo rechacé en su momento y aún lo considero reprobable, pero lo hizo bajo preceptos de un ser humano preocupado por la sociedad con la que convivía y sin mucho ruido, hasta que se conocieron sus hechos.
Pierre ha buscado apoyo en organismos internacionales para continuar su “lucha”. En todos estos años basó su trabajo en el ruido internacional, pero nunca se le vió haciendo un verdadero esfuerzo más allá de la presión internacional. Ella pretendió imponer intereses que chocaban contra los intereses de República Dominicana.
La muerte no se celebra, cierto. La muerte de alguien que lucho por sus creencias no se celebra, cierto. Pero no celebraré NUNCA la vida de alguien que fué una lacra como esas que se paran en cualquier esquina con niños enganchados a un costado pidiendo limosna.
Su lucha se basó en represión internacional. Como cosas de la vida, esos que apoyaban su lucha y presionaban (ESTADOS UNIDOS) son los mismos que comenten abusos contra mexicanos indocumentados.
¿Es de admirar el trabajo de Pierre? NO. Estoy de acuerdo, no celebrararé su muerte porque era un ser humano como yo o cualquier otro, pero si celebraré la vida que ya no vivirá.
Lo malo de decir una opinión en público es que esta será dirimida por aquellos que opinen en contra. Entonces caben las preguntas: ¿Qué es peor, autocensurarse o decir lo que se piensa sobre un tema? ¿Acaso opinar diferente a otros no es una opción? ¿Si opino diferente, debo callarme?
Lamentablemente mi cabeza no copia aquello de que “no se puede opinar todo”. Quien no tenga opinión sobre las cosas es un ser inerte y eso será la único que NUNCA sabré ser.